sábado, 18 de mayo de 2013

Videla: crónica de una muerte no lamentada



            Jorge Rafael Videla fue el hombre que ocupó el cargo presidencial durante más tiempo en los años que van desde el derrocamiento de Perón en 1955 hasta el retorno a la democracia con la presidencia de Alfonsín en 1983. Desde ese cargo puso en marcha el modelo neoliberal comandado por Martínez de Hoz, y llevó a cabo una persecución política inédita y un plan sistemático de robo de bebés, en síntesis: el horror.
            Cierre de empresas, concentración monopólica, despidos, inversiones especulativas, destrucción de la industria nacional, estatización de deuda privada. El caos social del 2001 fue el punto cúlmine del proyecto neoliberal que inició y orquestó Martinez de Hoz, que padeció Alfonsín y a causa del cual no pudo concretar su mandato, y que se profundizó en los ’90. No es casual que haya sido Menem quien decretó los indultos a quienes habían sido condenados durante el gobierno radical.
            Durante la dictadura que él comenzó, torturaron, mutilaron familias, asesinaron, destrozaron hogares, robaron mucho más que vidas de miles de personas que tenían otras ideas, que pensaban diferente, que eran capaces de dar la vida por sus ideales, que luchaban por un país mejor para quienes vendríamos después. Miles de ellos continúan desaparecidos, escondidos en fosas comunes o en el lecho ríos y mares, sin que sus familiares sepan dónde se encuentran sus restos ni tengan un lugar para llevarles una flor aunque sea.
            No me interesa indagar en su vida privada, en su historia personal, en su historia de vida, en si era buen vecino/amigo/militar/padre de familia. No me interesa humanizar a alguien que nunca mostró rasgos de humanidad: jamás se arrepintió, jamás pidió perdón, jamás dio información sobre las fosas comunes o los bebés secuestrados. Solo se asumió como responsable de todo lo sucedido durante su gobierno y hasta el último momento defendió el terrorismo de Estado.
            Como dijo una amiga, Videla “murió como menos le hubiera gustado: en democracia, condenado por un tribunal y preso en una cárcel común”. Murió como no dejó morir a 30.000