La sanción del proyecto de ley del matrimonio homosexual, ocurrida tan solo unas semanas atrás, dejó un sabor amargo para quienes intentaron hacer un importante y constructivo debate en torno a tan importante cuestión, a nivel social.
Sin embargo, en una Argentina tan políticamente polarizada, no es extraño que esta cuestión se haya planteado sobre la base del todo o nada, solo hubo dos posturas a adoptar: estar de acuerdo y ser un ciudadano progresista; o diferir y ser un retrógrado.
Ni los que defendían a capa y espada este proyecto como así tampoco los que se le oponían firmente contribuyeron a que, dentro de la sociedad, se llevara a cabo un buen debate. Por un lado, los primeros no querían que se modificara ni una coma de lo presentado, aunque esos cambios permitieran que la ley que se sancionara se acomodara más a lo que la sociedad en su conjunto aceptaba, pero eso sí, ellos tuvieron todos los espacios mediático que quisieron para exponer redundantemente sus razones.
Por el otro lado, quienes se oponían firmemente a la ley y a la comunidad homosexual(como si a esta altura, se pudiera decir que la homosexualidad es una enfermedad que debe ser curada o corregida) sin presentar una propuesta alternativa fueron absolutamente discriminados y tachados como retrógrados, ignorantes y fachistas(entre otros calificativos).
Sin embargo, se dejó completamente de lado a todo un sector, que conformó el punto intermedio, "los grises", de la cuestión y se los descalificó de forma tal que no podían ni siquiera hacer oír la propuesta que traían. Dentro de este grupo, estuvieron quienes estaban de acuerdo con el reconocimiento de los derechos conyugales de los homosexuales pero que pedían que no se lo llamara "matrimonio"(por una cuestión etimológica y por ser este término de origen religioso), sino unión civil. Además, querían que la adopción fuera tratado de forma separada ya que involucraría un cambio muy radical y afectaría a los chicos. En este último punto, me parece que muchos estaban de acuerdo ya que una cosa es la relación homosexual que sucede puertas adentro y que solo los involucra a ellos, y otra, es involucrar a un tercero que no puede elegir.
La verdad es que el necesario reconocimiento de los derechos conyugales de las parejas homosexuales no fue el fruto de un maduro debate en el seno de una sociedad que reflexionó y consensuó, sino que, por el contrario, no fue más que una excusa del gobierno para confrontar con la Iglesia, para demostrarle que tiene más poder. Si el pueblo estaba o no de acuerdo con todo lo que implicaba esta ley, no importaba, solo fue una lucha de poder.
Mientras tanto, la inseguridad, la transparencia de las instituciones, la veracidad de las cifras oficiales, la inestabilidad económica seguirán siendo temas de esencial importancia para la sociedad que algún día serán tratados...
El tratamiento que se le dio a esta ley así como el maltrato de la información es un punto sobre el que deberíamos reflexionar a la hora de elegir a nuestros representantes y de plantear las cuestiones importantes, con proyección a futuro.
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