Son pocos los acontecimientos coyunturales que me llevan a redactar algo acá. Si alguien sigue este blog ya lo sabe o con tan solo revisar el archivo puede comprobarlo.
En vísperas de los 30 años de la democracia, la Corte Suprema hizo historia al declarar la Constitucionalidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, algo que para casi todos era obvio pero que para otros les funcionó como excusa para retrasar la aplicación de una ley votada por amplia mayoría. Este sector, al que tan poco le importó la democracia a la hora de apropiarse de empresas estratégicas y de hijos o a la hora de negociar con los gobiernos de facto, parecería verse afectado solo en lo económico pero también lo está en lo simbólico: en el monopolio de la palabra, en la imposición de la agenda mediática, la homogeneización de las voces y las caras.
Este proyecto de ley fue debatido en decenas de encuentros a lo largo y a lo ancho del país y fue aprobado por 147 votos contra 4 en la Cámara de Diputados y por 44 a 24 en la Cámara de Senadores: votaron a favor los legisladores del Frente para la Victoria, Encuentro Popular y Social, Solidaridad e Igualdad, Partido Nuevo Contra la Corrupción, el Partido de la Concertación-Forja, el Frente Cívico por Santiago, el Partido Socialista, el Partido Renovador Salteño y Proyecto Sur.
Tras años de infundadas y vergonzosas medidas cautelares, la Corte Suprema de la Nación declaró su constitucionalidad en un fallo casi unánime (cabe destacar que quien votó en contra debería haberse jubilado hace 20 años, por ley no puede seguir formando parte de la Corte y es cuñado del director del diario La Nación)
Ya no hay más excusas, se acabó, llegó de la hora de adecuarse y de romper con todos los monopolios mediáticos. La Corte ha sentado precedente para los futuros dictámenes de los jueces, en los muy probables casos de que los poco democráticos de siempre quieran seguir retrasando el cumplimiento de esta ley.
La sociedad participó y se expresó. Los legisladores votaron y los jueces más importantes del país se pronunciaron. No hay institución de la democracia que no se haya expedido en favor de esta ley. Clarín, no estás por encima ni de la ley ni de la democracia como para no acatarlas.
¡No mientas más, Clarín! En tu comunicado dijiste que el 80% de los medios está en manos del gobierno y es una mentira aberrante porque, si tus 300 medios forman el 20%, habría 1500 medios en todo el país y no es así.
Ni lo intentes, Clarín. No hagas el papelón de acudir a tribunales internacionales porque ellos son para personas físicas (vos, yo, el verdulero, la secretaria, el actor, la gerenta), no para empresas. Ya viste la respuesta de la CIDH, a la que no acudiste cuando desaparecían y mataban periodistas ¡Qué irónico!
Ahora, quienes tanta tinta y tecleos de computadora gastaron hablando sobre "el fin del ciclo" de un gobierno que no es tal (el domingo pasado se consagró como la primera fuerza nacional y tiene mayoría en ambas cámaras) están siendo testigos de su propio ocaso. Porque estamos viviendo el comienzo de una nueva era más plural, más democrática y menos concentrada (pues los monopolios perjudican tanto a la democracia como a la economía)
Llegó la hora de que la sociedad empiece a ver y a disfrutar de los beneficios de esta ley que en la teoría ya conocemos pero de cuya práctica nos vimos privados. Estoy muy feliz y orgullosa de mi país y de la democracia que tenemos que permitirán que el año que viene cuando me reciba de Licenciada en Comunicación Social, lo haga con una ley de medios de la democracia en plena vigencia, y no con un decreto de la dictadura.
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