El famoso dicho "mejor prevenir que lamentar" no es muy coherente con nuestra realidad: siempre se lamenta más que lo que se previene. Aún se siguen lamentando las 194 víctimas de Cromagnon y hace unos días, un chico resultó electrocutado mientras jugaba, en el Parque España de nuestra ciudad.
Por fortuna, el chico se encuentra fuera de peligro. Sin embargo, ¿es necesario llegar a estos extremos para que alguien haga algo, lo que se tuvo que hacer antes? ¿o hay que esperar a que alguien muera para que las cosas cambien y se hagan bien de una vez por todas? A veces ni uno ni ciento noventa y cuatro muertos es suficiente para que se tome conciencia y para provocar cambios de fondo.
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